Reflexión personal: Mi segundo cumpleaños


Está semana de Septiembre pero del año 2009, me cambio la perspectiva de mi vida. Aprendí a no dar el día a día como una garantía incuestionable, a valorar la importancia que tienen mi familia, mis amigos y mi esposo. Es estas fechas, todavía no tenía la dicha de ser Mamá, por esto no incluyo a mis dos tesoros adorados.

Era Septiembre del 2009, solo tenia 9 meses de casada, 9 meses de haber prometido en el altar que en las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad siempre estaríamos juntos Alvarez y Yo. Y también eran 9 meses de haber llegado a formar una nueva familia a un nuevo país que nos acogía de manera increíble, vivía en Santiago de Chile.

Mis suegros estaban de visita, fuimos a Valparaíso y a Viña del Mar, a caminar por el centro de Santiago, a los Viñedos a disfrutar unas ricas sopas de vino, unos quesitos y unos aceites oleicos espectaculares. Pero algo pintaba mal en mí, o bueno, algo estaba mal pero yo no tenía la menor idea de la magnitud. Me dolía muchísimo la pierna izquierda, desde la pompa hasta el pie.

Nunca antes había sido quejumbrosa y mi umbral del dolor siempre ha sido muy alto. Me dolía mucho, sí la verdad, muchísimo. Pero decidí no decir nada pues no quería arruinar la visita de tan solo cinco días, de mis suegros en Chile. Además, ¿Cómo iba a confesarles a mis suegros -de tan solo 9 meses- que me dolía terriblemente la pompa izquierda? ¡Ni loca! Me moría de pena y solo le pedí a Álvarez que caminara más lento dándome la mano y me tuviera paciencia, seguro era un tirón muscular o algo así, eso yo creía.

Tenía 26 años y todos estos años, yo me sentía inmortal, no me dejaba caer y de hecho, no me permitía sentir el dolor o aceptar la tristeza. En otras palabras, había vivido “desenchufada” o desconectada entre lo que dictaba mi cabeza y lo que sentía mi corazón. Además, era una herramienta que me había servido en estos nueve meses, pues tenía que adaptarme rápido y dar lo mejor de mí en nuevo país. Repito, “tenía”, “debía”, “si puedo”, “estoy bien” eran mi motor para adaptarme y funcionar lo más pronto posible. Y la verdad me funcionó muy bien, hasta mi segundo aniversario que me hizo replantearme y cuestionarme, hasta cómo me llamaba casi casi.

El 23 de Septiembre en la madrugada, empezó un nuevo dolor que nuca antes había sentido. Un dolor punzante e intenso en el costado derecho. Nunca me han acuchillado gracias a Dios, pero sentía en las costillas como si me clavaran un apuñalando. Pensé que había dormido chueca o era un dolor muscular por haber caminado tanto en la visita de los suegros. Bueno, la verdad es que yo para entonces, siempre buscaba una explicación lógica a todo o un pretexto que pudiera justificar lo que me estaba quejando. Para mí, todo era posible menos pensar en que algo grave me estaba pasando, otra vez “tenía que funcionar”, “estoy bien”. Entonces seguí durmiendo, bueno intentando dormir porque la verdad el dolor era muy fuerte; hasta que a las 7 de la mañana le avise a Alvarez que el dolor era intenso y cada vez más constante. A esta hora ya no me sentía mal de despertarlo pues ya había amanecido. Prendió la luz del buró de noche y de inmediato dijo ¡Vamos al hospital estas súper pálida!. Y así fuimos a la sala de urgencias de la Clínica Alemana, era la que más nos habían recomendado en el tour de la oficina cuando llegamos a Chile, y además, era la más cerca de nuestra casa.

Al llegar me preguntaban si fumaba, si había hecho un viaje largo en coche o en avión, si hacia ejercicio, si tenia el colesterol alto y mil cosas más. Yo a todo respondía que no, nunca había fumado, el último viaje fíe a México en Junio a la boda de mi amiga Pau Flores y ya estábamos en Septiembre, siempre he hecho algo de ejercicio y mi colesterol, ni idea como estaba. Es algo que nunca antes me había preocupado. El doctor creyó en un principio que seria una inflamación del cartílago intercostal, costocondritis o algo así. Me pusieron medicina para el dolor en el suero y me urgía que se me pasara el dolor. Me urgía porque estaba estudiando la Maestría en Terapia Familiar y al día siguiente tenía dos exámenes; no podía darme el "lujo" de sentirme mal en ese momento y menos de recién casada. Una vez más, “tenía y debía de funcionar”, “estoy bien” me decía a mí misma.

Además, ¡Que pena con Álvarez tan solo de pensar en la cuenta del hospital! y peor aún, ¡Sólo llevaba 9 de casada, que papelazo!. Quería que ya me mandaran a la casa y que este susto pasara rápido. Para no correr riesgos, el doctor me tomo una muestra de sangre para revisar los niveles del Dimero-D aunque el médico dudaba que algo malo estuviera ocurriendo, pues no era fumadora, no tenía sobrepeso y no había hecho un viaje largo en las últimas semanas. Ahora se que el Dimero-D es un indicador para saber si hay coágulos en la sangre o no. Como el doctor y Alvarez estaban tranquilos, pues entonces yo también lo estaba. Al final el dolor "debería" pasar pronto con el cocktail que me habían pasado por la vena. Me mandaron a la casa y nos dijeron que "cualquier cosa que estuviera alterada en el análisis" ellos me llamarían a casa.

Y eso fue lo que ocurrió…

Deje a Alvarez en la oficina para que no se fuera en bici, pues mi papelazo, como yo decía, ya lo había hecho llegar tarde. Yo me fui a la casa a esperar a que bajara el dolor para poder ponerme a estudiar. Eran exámenes semestrales y quería que me fuera muy bien, tenia 26 años y más me valía ser muy responsable y dar lo mejor de mí en la Maestría.

Mientras esperaba a que el dolor pasara, le marqué a mi Mamá a saludar y a contarle mi papelazo de haber ido al hospital. Hablando con ella, sonó el teléfono y la verdad, se me puso la piel chinita; un escalofrío intenso me recorrió el cuerpo y me imagine que algo estaba mal. Fue la primera vez en la vida que de verdad me sentí vulnerable, con muchísimo miedo, más bien terror. El teléfono de la casa nunca sonaba, más que cuando hablaban de Cable Onda (Cablevisión en Chile), el garrafón de agua o los promotores que siempre hablaban a vender cosas. Pero ahora era muy temprano todavía para que estuvieran hablando y algo me decía que estaba mal. Hablaban de Urgencias de la Clínica Alemana. Aló, ¿Se encuentra la señora Alejandra Gabayet? Si... Soy Yo, les dije. "Devuélvase al tiro a la clínica, aquí la está esperando el equipo médico pues los resultados están elevados", dijeron. Me pidieron que alguien más me lleve al hospital y que no llegara sola, pero que me “devuelva al tiro”.

Gracias a Dios, estaba mi Mamá en la otra línea de teléfono, pues ella me acompañó en la noticia y la escuchó de primera mano. Pero otra vez, solo pensaba en ella, qué angustia debe sentir por mí, está a 10 hrs de vuelo y quién sabe cuándo salga el primer avión. Y no quería asustarla más de la cuenta, yo creía “estar bien” y además, “tenía” que estudiar y sacar buenas calificaciones.

Fui por Álvarez a la oficina pues le dije que solo llamaría si algo estuviera mal. Nunca me ha gustado llamarle en horas de oficina e interrumpir cuando no es necesario. Le marque al cel y cuando llegue a recogerlo, tenía una cara de susto y preocupación que nunca antes le había visto. En realidad, me confesó desde que vio mi llamada en su teléfono, se le hundió el estómago. Llegamos a Urgencias y me sentí como una artista de cine en alfombra roja; todos los médicos me estaban esperando y habían llamado a otros especialistas: Un cardiopulmonar, un neurólogo –pues el dolor de cabeza, además del costado, era intolerable-, un hematólogo y un internista. Yo no entendía nada de lo que estaba pasando y el doctor sólo nos decía "No es algo menor, no es algo menor" pero no nos explicaba que estaba ocurriendo en realidad. Me imagino que no quería asustarnos, éramos dos mexicanos solos viviendo en Chile de 27 y 26 años.

Después de varias horas de análisis de sangre, tomografías con medios de contraste, doppler venoso de piernas y varias radiografías; nos dieron el resultado. Tenia una Embolia Pulmonar y otros dos coágulos más en riesgo de desprenderse en una vena de la pierna izquierda. La oxigenación estaba baja y el pulmón derecho había sufrido un infarto. Esto explicó el dolor tan terrible en la pompa y en la pierna izquierda cuando mis suegros estaban de visita.

Le pedí al doctor que no me hiciera tonta, que me explicara la gravedad y el riesgo. No me quería asustar y fue entonces cuando le pregunte directamente "Entiendo que no es algo menor, pero no entiendo que tan grave estoy. Doctor, soy extranjera y toda mi familia está en México. ¿Es necesario que los llame para que vengan?" Y respondió que sí, que las primeras 72 horas eran críticas. Entonces entendí que lo que me estaba pasando era muy serio y que no saldría del hospital muy pronto que digamos.

Cuento corto, fueron 10 días de terapia media en el hospital, no tuve que ir a terapia intensiva porque ahora sí “tuve que obedecer” y seguir las instrucciones al pie de la letra. “Tenía que funcionar” y “estar bien” como siempre. Fueron 10 días en el Pabellón de Terapia y varios meses de rehabilitación, de reposo, con ejercicios respiratorios y análisis de sangre para tercer día.

Mis suegros lograron regresar al día siguiente y mis Papás y mi hermano volaron en la noche y llegaron de madrugada. Nada me dio más gusto que verlos entrar a mi cuarto, no podía creer que estuvieran conmigo. Ya con todo el apoyo de mi familia y de mis amigos chilenos, que se habían vuelto mi familia también, estaba segura de que todo saldría bien.

Estos 10 días aprendí a pedir ayuda, a aceptar que hay momentos en donde la vida no te deja valerte por ti misma, que te tienen que dar baño de esponja, darte de comer en la boca e incluso acompañarte al baño. Aprendí a ser humilde y a saber lo que era sentir dolor, aprendí a estar pendiente de mí misma y a monitorearme día a día sin vivir en piloto automático en el “tener” y “deber”. A decir no puedo y aceptar que la vida no se tiene garantizada ni hay que darla por hecho.

Cualquier actividad me agotaba, meterme a bañar, hacerme una cola de caballo para verme más decente, masticar un paquetito de galletas saladas, todo era para mí, como correr un maratón. Mi corazón latía muy rápido, mi oxigenación estaba baja y todo requería un esfuerzo enorme. Recuerdo el día que me hablo por teléfono Sof Landa a contarme que termino la maestría y la eligieron para dar el speech de ceremonia de cierre. Se me salieron lágrimas de emoción y estaba muy orgullosa, pero todas las máquinas y aparatos que tenía conectados empezaron a sonar como locos. Entraron las enfermeras asustadas y me pidieron hablar lo mínimo para no agotarme y que evitara cualquier tipo de emoción. Las máquinas sonaban porque con la noticia de Sof, me emocioné mucho, se me bajo el oxígeno y el pulso se aceleró más. Entonces tuve que colgar la llamada.

La embolia pulmonar, los días de hospital, el vivir lejos de mi familia, los meses de recuperación en un país que no es el mío. Los amigos de México que estando lejos siempre se hicieron presentes, mi Familia, mis Papás y mi hermano que llegaron lo antes posible a estar conmigo. Mis suegros, a quien el itinerario del viaje les cambio por completo y no se despegaron de mí en ningún momento. A los amigos de Chile que se volvieron mi familia, Cabestany, Marianita, Caro y Hernán que diario pasaban al hospital a sacarme una sonrisa. Por las recomendaciones de doctores y apoyo incondicional en todo momento. Y a Álvarez mi esposo quien de verdad a la fecha sigue todos los días, en cada minuto estando junto a mí. Apoyándome en este proceso de recuperación, quien durmió en un sillón sentado esos 10 días de hospital para no dejarme sola porque yo tenía mucho miedo. Gracias esposo por seguir manteniendo en pie la promesa que hiciste en el altar: En las buenas y en las malas, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida. Y hoy en día agradezco su enorme apoyo en mis locuras, en mis nuevos proyectos y hacerme segunda en todos mis objetivos. ¡Gracias esposo por cuidarme con tanto amor!.

En fin, todo este evento que me cambio la vida, fue un parte aguas para mí. Hoy después de años de trabajo personal puedo decir que por fin, lo que no se había conectado y estaba desenchufado por 26 años, ahora está conectado: Mi cabeza y mi corazón.

Y hoy 23 de Septiembre 2016, quiero celebrar y agradecer mi segundo cumpleaños No. 7, agradeciendo las oportunidades que me da la vida y a las personas tan valiosas que me rodean. Ahora con dos hijos Mateo y Diego, con quienes descubrí mi capacidad de amar y de disfrutar la vida cada día compartiéndola con ellos.

Así celebro mi segundo cumpleaños, ¡Feliz cumple # 7!

#mindfulness #Reflexión #Cambio

© 2020 por Alejandra Gabayet M.

Terapeuta Familiar Infanto-Juvenil

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