¿Cómo fomentar el autoestima de mis hijos? Todo empieza por conocerlos mejor


Tomarse un tiempo todos los días para ver a los hijos realmente por lo que son y no por lo que quieres que sea, es la recomendación Daniel Siegel y Tina Payne.


Investigaciones científicas explican que si al menos un adulto significativo aparece constantemente en la vida de los niños, ellos tendrán mayor sensación de felicidad, éxito académico, habilidades de liderazgo y relaciones significativas.

Daniel Siegel y la trabajadora social Tina Payne Bryson, comentan que solo se requiere actuar de una manera en que el niño asegure que están cubiertas las 4 S´s por sus siglas en inglés: Safe, Sooth, Seen y Secure (protegido, calmado, visto y seguro).




¿Qué tan bueno eres para ver a tus hijos? A realmente verlos por lo que son, a percibirlos, a darles sentido y responderles de manera oportuna y efectiva. Así es como tu hijo llega a experimentar la sensación emocional no solo de pertenecer y de sentir, sino también de ser conocido y sentirse importante.


Cuando les damos la oportunidad de ser vistos, pueden aprender a verse a sí mismos con claridad y honestidad. Cuando conocemos a nuestros hijos de una manera directa y veraz, ellos también aprenden a conocerse de esa manera. Ver a nuestros hijos significa que nosotros mismos debemos aprender a percibirlos, darles sentido y responderles desde un lugar de presencia, para así, estar abiertos a quiénes son en realidad y en quién se están convirtiendo, no en lo que nos gustaría que fueran.


Tómate un momento y avanza rápidamente tu mente hacia el futuro cuando tu hijo, ahora sea un adulto y mire hacia atrás y hable sobre si se sintió visto por ti. Tal vez este hablando con un cónyuge, amigo o terapeuta, alguien con quien sería realmente honesto. Tal vez este diciendo "Mi mamá, no era perfecta, pero siempre supe que me amaba tal como era". O, "Mi papá siempre estaba de mi lado, incluso cuando me metía en problemas”.

¿Crees que diría algo así? ¿O hablaría de cómo sus padres siempre quisieron que él fuera algo que no era, no se tomaron el tiempo para entenderlo o quisieron que actuara de maneras que no eran auténticas para desempeñar un rol particular en la familia?


Una de las maneras en que no nos permitimos ver a nuestros hijos, es ignorando sus sentimientos. Por ejemplo, con un niño chiquito, esto podría ser algo así “No llores, no te paso nada” cuando esta llorando después de haberse caído. O un niño preadolescente que esta nervioso por su primera salida con niñas y los papás le dicen “No te preocupes por eso, no hay razón para estar nervioso”.

Claro que estás buscando tranquilizar a los niños para que sientan que estarán bien, pero negando lo que sienten es decirles explícitamente que no confíen en sus emociones.


Entonces, en cambio, podemos simplemente verlos. Observa lo que están experimentando, luego puedes estar allí para ellos y con ellos. Podríamos decir algo como: "Vas a estar bien" o "Mucha gente se siente nerviosa el primer día. Estaré allí hasta que te sientas cómodo ".

Además, cuando nos comunicamos con empatía, será mucho más probable que esto traiga calma a nuestro hijo. De igual manera, cuando mostramos amor y apoyo, mejora la vida no solo para nuestro hijo sino también para nosotros como padres.


Para crear un sentido de pertenencia, los niños se deben sentir vistos y auténticamente conocidos por sus padres. Si un niño es visto, también obtendrá la sensación de ser tanto un "yo" a quien se ve y se respeta como parte de un "nosotros". Así es como tu hijo sienta las bases para futuras relaciones donde puede ser un individuo pero que también es parte de una conexión y una sociedad.


Hay dos estrategias principales para ayudar a los niños a sentirse vistos:


1. Dejar que la curiosidad te lleve a profundizar.


Un primer paso es simplemente observarlos. Observar su comportamiento descartando tus ideas preconcebidas mirando solamente lo que esta sucediendo.

No es sólo prestar atención a lo físicamente visible, pues al igual que en los adultos, con los niños hay más cosas debajo de la superficie. Nuestra misión como padres es profundizar con curiosidad.

En términos prácticos, eso significa estar dispuesto a mirar más allá de tus suposiciones e interpretaciones sobre lo que está sucediendo con tus hijos. Significa adoptar una actitud de curiosidad en lugar de un juicio inmediato.


Esta curiosidad es clave.


Los científicos cognitivos Alison Gopnik, Andrew Meltzoff y Patricia Kuhl han escrito sobre "el científico en la cuna", explicando que un gran porcentaje de lo que hacen los bebés y los niños pequeños es parte de un impulso instintivo para aprender y explorar. Si puedes, tómate una pausa y pregúntate “¿Por qué lo hizo?". Si lo ves como un joven investigador que está recopilando datos mientras explora este mundo, podrás responder a sus acciones con intencionalidad y paciencia, incluso mientras limpias lo que para ti era un tiradero.


Te invito a cuestionar ¿Por qué lo hizo? Antes de etiquetar una acción inmediatamente como mala conducta. Por supuesto que los niños necesitan límites y los padres somos la guía para orientarlos, pero probablemente, la acción del niño tenga que ver con una parte de su desarrollo emocional.

Por ejemplo, cuando la niña llega a una casa donde hay adultos desconocidos y no quiere saludar a las amigas de Mamá. Podemos verlo como una niña que no quiere ser educada o podríamos verlo como una chica con timidez o ansiosa ante una situación social. ¿Cuáles son los sentimientos detrás del comportamiento? Intenta perseguir el por qué y examinar la causa de su reticencia, así podrás responder de manera más empática y efectiva.


2. Hacer el espacio y el tiempo para observar y aprender.


Gran parte de ver a nuestros hijos es simplemente prestar atención durante el día, pero también se trata de generar oportunidades que le permitan a tu hijo mostrarse como quien es. La noche puede ser un buen momento para hacerlo. Hay algo sobre el final del día, cuando la casa se calla y el cuerpo se siente cansado, cuando bajan las distracciones y las defensas no son tan grandes; esto nos hace más aptos para hablar sobre nuestros pensamientos y recuerdos, nuestros miedos y deseos. Esto va para todos nosotros, adultos y niños.


Lo que se requiere es un poco de esfuerzo y planificación en términos del horario familiar. Los niños necesitan una cantidad adecuada de sueño, por lo que te recomiendo empezar la rutina de la noche lo suficientemente temprano como para hacer tiempo para seguir el esquema y poder agregar unos minutos más de conversación.


Generalmente en estos momentos, Mamá ya esta cansada, pero es cuando los niños más se motivan para hablar. Te invito a estar atenta o hacer algunas preguntas que te ayuden a tener una compresión más completa de lo que sucede en su mundito interno.


En consulta, algunas mamás comentan “Mis hijos nunca me cuentan nada ni me dicen que sienten”. Lo entiendo perfecto y muchas veces ante la pregunta "Cómo estuvo su día" inevitablemente llega la temida respuesta "Bien".

Imagínate tener unos tres minutos de conversación agregado a la rutina de la hora de acostarse. Sé que estás con prisas y que quieres que se duerman ya. Pero por favor, toma en cuenta que la idea no es que todas las noches escuches alguna revelación o intercambio profundo. Si esto no es realista entre los adultos, mucho menos será con los niños. El objetivo final es estar presente para tus hijos: crear espacio y tiempo para conocerlos mejor y comprenderlos a un nivel más profundo para que puedas ayudarlos a convertirse en la plenitud de quienes realmente son.


También el silencio a veces está bien, con solo estar tranquilos juntos y respirar uno al lado del otro, esto también es conectar.

No te pido forzar la conversación si no es el momento adecuado.


Sé que puede ser confuso, tratar de determinar qué decir y cuándo hacerlo, si alentar la conversación o dejar que reine el silencio. Pero una de las mejores maneras de ver a tus hijos y ayudarlos a sentirse vistos, es crear el espacio y el tiempo que cultiven oportunidades para que se produzca ese tipo de visión.



Alejandra Gabayet Manzano

Terapeuta Familiar Infanto-Juvenil

#ParentingUniversity

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© 2020 por Alejandra Gabayet M.

Terapeuta Familiar Infanto-Juvenil

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